La salicornia (o espárrago de mar), al igual que las algas, es una bomba nutricional que se conoce poco. Hoy en día recién en nuestro país están ganando terreno en la gastronomía, tanto por su versatilidad como por su sabor umami y salado.
La salicornia es una planta halófita, lo que significa que crece en ambientes salinos, como costas o suelos inundados por agua salada. Se encuentra en diversas partes del mundo, incluyendo Europa, Norteamérica y algunas regiones de Asia. En Argentina, crece de manera silvestre en las costas patagónicas, especialmente en zonas con alta concentración de agua salada. Sin embargo, también hay iniciativas para su cultivo controlado debido a su creciente demanda actual.
A su vez, es un vegetal de temporada que suele estar disponible en primavera y verano. Este es el mejor momento para recolectarla, ya que sus tallos están más tiernos y jugosos. El sabor de la salicornia es salado y ligeramente marino, con una textura crujiente, ideal para ensaladas y platos frescos. Al cocinarla, mantiene su consistencia firme.
Propiedades nutricionales
La salicornia es un superalimento, cargada de nutrientes:
- Baja en calorías: ideal para dietas bajas en calorías.
- Alta en minerales: rica en sodio, potasio, magnesio y yodo, esenciales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.
- Fuente de antioxidantes: ayuda a combatir el estrés oxidativo y protege las células.
- Rica en fibra: para una buena salud digestiva.
Usos en la cocina
Se puede consumir tanto cruda como cocida. Algunas ideas para incorporarla son:
- En ensaladas: cortala en pedazos chicos y agregarla a ensaladas frescas para un toque salado y crujiente. Ej: salicornia, palta, tomates (cherrys o común cortado en cubos), cebolla morada, aceite de oliva, hierbas.
- Como acompañamiento: salteada con ajo y aceite de oliva, ideal para comer con pescados y mariscos.
- Sopas y caldos: agregar al final de la cocción para aportar un sabor marino o por encima para terminar el plato.
- En tortillas o revueltos: como desayuno nutritivo y original.
- Pasta o risotto: incorporala para dar un toque salado y una textura diferente.
- Snacks: secada y deshidratada al horno, se convierte en un snack crocante y saludable.
- Como especia o condimento: deshidratada y molida en forma de polvo.
Las algas, por otro lado, aportan poca grasa, pocas calorías, pero muchos minerales, fibra, antioxidantes y proteínas de alta calidad. El yodo, en especial, es uno de los minerales estrella de las algas, imprescindible para el metabolismo energético de las células. Son una buena fuente de fósforo y calcio, especialmente para dietas basadas en plantas.
Algas como la espirulina son muy conocidas por su abundancia en vitaminas, especialmente las de tipo B, mientras que las vitaminas E y C, potentes antioxidantes, están más presentes en la lechuga de mar o el alga wakame. Los mucílagos de algas como la wakame ejercen un papel protector sobre las mucosas del estómago e intestino, haciendo que las digestiones sean más suaves y que se tenga una mayor sensación de saciedad, aspecto especialmente interesante en dietas de adelgazamiento.
¿De qué forma podemos incorporarlas? En ensaladas si está fresca. Si ya la tenés deshidratada, una buena forma es molerla y mezclarla con sal marina. Así creas tu propio condimento umami a base de algas.


