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Repollo, por qué inflama y cómo evitarlo para aprovechar sus superpoderes

Un vegetal bastante olvidado, que si no fuera por el “coleslaw” rara vez mostraría su cara en nuestras mesas y platos. De esta forma, aparece de vez en cuando como acompañante de un asado o directamente como relleno en un sándwich, pero no mucho más. Déjame que te cuente qué lo hace tan especial y cómo podés incorporarlo más en tu alimentación, aprovechando que está de temporada.

Por un lado, forma parte de las verduras que se conocen como crucíferas, y para darte una idea, otras consideradas como tal son el kale, el bok choi, los repollitos de Bruselas, el akusay, el brócoli, el coliflor y el nabo, entre otros pocos más. Este grupo de vegetales resulta ser el más nutritivo de todos, resaltándose por presentar propiedades anticancerígenas, antivirales y antiinflamatorias (¡sí, leíste bien, aunque a veces parezca lo contrario!). Su alto contenido de vitaminas (C y K principalmente) y minerales los hacen perfectos para reforzar las defensas en los meses fríos del año, donde se encontrarán de temporada.

Sin embargo, su mayor valor se lo lleva su contenido de un potente y particular antioxidante: el glucosinolato, que les otorga ese distintivo y parecido sabor entre los vegetales de este grupo (un poco amargo y penetrante). Este antioxidante y su derivado tras la digestión son los más estudiados con respecto a la prevención de varios tipos de cáncer.

Como prepararlo, para que no te caiga mal


La buena noticia es que no tenés que erradicarlo de tu dieta. Existen trucos culinarios muy fáciles para “desactivar” estos compuestos y ayudar a tu digestión:

Pasate al bando del repollo colorado: si tu intestino es muy sensible, elegí el morado. Tiene una cantidad significativamente menor de fructanos que el repollo blanco liso, por lo que suele tolerarse muchísimo mejor.

El truco del masaje (Si lo comés crudo): cortalo bien finito, ponelo en un bowl con un poquito de sal y masajealo con las manos con fuerza durante dos minutos. Vas a ver que reduce su volumen a la mitad y larga agua (enjuagalo después si querés). Este proceso rompe las fibras duras por fuera, haciendo que tu estómago tenga que trabajar la mitad.

Cociná con “antídotos” (Especias carminativas): cuando lo saltees o lo hagas al horno, sumale jengibre rallado, comino, hinojo o semillas de coriandro. Estas especias ayudan a disminuir la formación de gases en el tubo digestivo y estimulan las enzimas encargadas de la digestión.

Blanqueado previo (Si va a cocción): Darle un hervor rápido de 2 o 3 minutos en agua hirviendo y descartar esa agua antes de sumarlo a una sopa o guiso ayuda a eliminar gran parte de los compuestos azufrados que generan el olor fuerte y la hinchazón.

Algunas recetas con repollo:

Comúnmente se luce en preparaciones frías (como en ensaladas, sauerkraut o chucrut) aportando, más que nada, textura. Me gusta incluirlo en mi bowl depurativo, en la ensalada detox, o combinarlo en platos frescos de invierno.

Podemos darle también una vuelta e incorporarlo como base de unas Croquetas de repollo morado o parte de una sopa de remolacha. Es un buen vegetal para usar como base de preparaciones junto a una mirepoix clásica (zanahoria, apio y cebolla), repollo asado, o usar sus hojas para hacer rolls. Es muy usado en la cocina japonesa en salteados y sopas, y en la tailandesa como en el pad thai. Últimamente, probé hacerlo braseado o también al horno, ¡donde su sabor y textura cambian totalmente!


Cocina, recetas, edición y fotos: Laura Di Cola

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