El durazno y el pelón (o nectarina) pertenecen a la misma especie, Prunus persica, y comparten un origen común en Asia, específicamente en China. En esa región comenzaron a ser cultivados hace miles de años, extendiéndose más tarde por todo el mundo gracias a su sabor y versatilidad.
Ambas frutas se distinguen por ser ricas en fibra, antioxidantes, vitaminas B, C, A y bajas en calorías, pero, ¿tienen alguna diferencia? Acá te cuento:
La diferencia más notoria entre ambos es la textura de la piel. El durazno tiene una pelusa fina y aterciopelada, mientras que el pelón no, siendo completamente liso.
En cuanto al sabor y textura: el durazno es más dulce y jugoso, ideal para consumir fresco. El pelón, en cambio, tiene un sabor un poco más ácido y una pulpa más firme, lo que lo hace perfecto para recetas que requieran cocinarlo.
También se diferencian en su color: aunque ambos pueden ser de tonos rojizos, anaranjados o amarillos, los pelones suelen tener un color más uniforme, mientras que los duraznos presentan variaciones más marcadas en su piel.
Ahora vamos a lo que más nos interesa… ¿Cuál es la mejor manera de usarlo en la cocina? A mí, en lo personal, me encanta incluirlo en ensaladas frescas de verano, adentro de unos wraps o en una ensalada de quinoa y porotos blancos, para hacer helados más saludables.
Un buen tip, cuando tenemos muchos duraznos, es deshidratarlos al sol, para consumirlos más adelante cuando ya no sea temporada. A su vez, la hoja de durazno, si tenemos un duraznero en casa, es buenísima para hacer tés, conteniendo propiedades antiinflamatorias.
Otro tip que capaz puede servir a la hora de comerlo: cortenlo como si fuera una palta, por el medio. Luego giramos ambas partes en sentidos opuestos para descarozarlo, de esta forma no desperdiciamos parte del durazno que se quede adherido al carozo.


