Empezó el otoño en nuestro hemisferio y aparecen las primeras mandarinas. La variedad que inaugura la temporada es la conocida como “okitsu” de color verde, y a medida que avanza la estación, las mandarinas van a ir adquiriendo su reconocido color naranja intenso.
Su nombre irónicamente alude a su origen: China, que hoy en día sigue siendo el mayor productor mundial. Nos introdujeron esta fruta hace no mucho tiempo (relativamente), cuando en el siglo XIX se abrió el comercio con este país asiático. A partir de ahí, la mandarina se convirtió en el clásico que es hoy para los argentinos.
Cítrica y repleta de vitamina C, es y seguirá siendo la elegida (al igual que la banana) como la fruta ideal para transportar y comer como snack, teniendo un lugar reservado en la mayoría de los lunchs y heladeritas de chicos y adultos.
Aunque considero que la mandarina es perfecta y exquisita por sí sola, también descubrí que puede brillar en recetas saladas y dulces. Te invito a conocer las posibilidades de esta fruta tan versátil y popular, dándole una vuelta de rosca.
Ahora bien, ¿Dónde pienso que se lucen en la cocina? En salsas, vinagretas, marinadas. Acompañar un pescado con una reducción de mandarinas lo convierte instantáneamente en algo que parece salido de un restaurant. Unos gajos siempre elevarán una ensalada, las carnes blancas y mariscos (como langostinos) siempre se verán beneficiados con un toque agridulce en su marinada.
Pensemos en qué platos y preparaciones usaríamos un cítrico como el limón, y la mandarina probablemente vaya igual de bien (o mejor).
Cómo elegirlas:
Peso: elegir mandarinas que sean pesadas, evitar las tiernas o livianas ya que son las típicas secas y sin sabor. Olor: aromático, fresco y dulce.
Cómo consumirlas:
- Frescas: la forma más simple de disfrutar las mandarinas es pelarlas y comerlas tal cual.
- Ensaladas: las mandarinas levantan la frescura de ciertas ensaladas como las de espinacas, repollo y de legumbres.
- Preparaciones dulces: conservas, dulces, salsas dulces y saladas, en especial para acompañar pescados, mariscos o carne de cerdo.
- Jugo: el jugo de mandarinas tiene la ventaja de no oxidarse tan rápido frente al de naranja. Es ideal para prepararlo para un evento, ya que mantiene su sabor fresco por más tiempo.
- En conservas: las mandarinas se pueden convertir en deliciosas mermeladas, jaleas o licores para disfrutar todo el año o para regalar en cualquier ocasión.
Sin desperdicio:
La cáscara de la mandarina es ideal para muchas preparaciones. Desde estas cáscaras de cítricos hasta un polvo de mandarinas, rico, muy nutritivo y perfecto para ese toque final en tus platos.


